Soberanía alimentaria: ¿Quién controla las semillas?

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Soberanía alimentaria: ¿Quién controla las semillas?

La producción de alimentos de una manera sana y ética a nivel mundial es un reto aún por conseguir. Las grandes empresas que controlan las semillas ponen trabas al pequeño agricultor y reducen la variedad genética. Las evidencias muestran la necesidad de cambiar el actual modelo del agronegocio y recuperar la soberanía alimentaria.

¿Qué es soberanía alimentaria?

Antes de entrar en materia es necesario saber que el término ‘soberanía alimentaria’ fue propuesto por la organización Vía Campesina en los años 90. Se lanzó como un mensaje a favor de la producción local y la autogestión en cuestiones de alimentación que se definió como:

«El derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo.»

La iniciativa se extendió gracias al apoyo de los agricultores de muchas partes del mundo aunque sin llegar a conseguir la necesaria reforma agraria a nivel global. Esta discusión es frecuentemente olvidada por los grandes medios de comunicación, que son financiados -en muchos casos- por los grandes grupos de la alimentación a nivel mundial y no tienen especial interés en que el tema ocupe lugar en la opinión pública.

Sin embargo, el crecimiento de la población mundial, las dificultades a las que se exponen los agricultores, las comunidades dependientes y la expansión de los monocultivos ponen de relieve una problemática en torno al sistema de la alimentación y la gestión de las semillas que hacen que la soberanía alimentaria sea cada vez más necesaria.

Desde hace algunos años, la base de nuestra alimentación a nivel global se redujo al consumo de grano en seis únicas variedades: maíz, trigo, soja, arroz, alubia (frijol o poroto) y centeno. Esto representa casi el 80% del consumo humano y animal en la actualidad.

A su vez, el oligopolio de la alimentación propone e impone solucionar los problemas mediante agrotóxicos: productos químicos que se aplican a las plantaciones para garantizar una mayor producción de alimentos.

El más famoso es el Round Up de Bayer-Monsanto. Un herbicida a base de glifosato, que acaba con todas las hierbas excepto con la propia planta, siempre y cuando el agricultor haya comprado la variedad transgénica –resistente al glifosato– ofrecida por la empresa. 

Semillas transgénicas vs. Semillas campesinas

El control de la alimentación es posible si se tiene el control sobre las semillas. 

A esa misma conclusión debieron llegar los grandes capitales cuando comenzaron a implantar un sistema de producción amparado en el tratado internacional UPOV 91 (propuesto por el lobby Unión Internacional para la Protección de Obtenciones Vegetales y firmado por los Gobiernos) en el que se restringe el papel de los agricultores y se beneficia la patente de las semillas transgénicas.

Esto es posible por el llamado “derecho de obtentor” según el cual se otorga derecho exclusivo para comercializar las semillas a quien obtenga una variedad vegetal que sea nueva y estable.

Cuando un agricultor compra semillas a una empresa, debe pagar un «canon de tecnología» y firmar un contrato en el que se le prohibe guardar las semillas que obtenga de la cosecha para la próxima temporada. Esta es una dura consecuencia para los campesinos pues -además de perder la soberanía alimentaria y el control sobre su producción- deben soportar un mayor gasto en insumos para mantener la cosecha.

Esto no significa que todas las plantaciones del mundo se mantengan con semillas transgénicas. Aunque va a menos, aún conservamos muchos territorios en África, Asia y Latinoamérica con las semillas tradicionales de los campesinos.

soberanía alimentaria para los campesinos

Las empresas que controlan las semillas

Actualmente, hay unas pocas empresas que se han propuesto controlar la alimentación a escala planetaria. 

Bayer-Monsanto, ChemChina-Syngenta, Corteva (Dow-Dupont) y BASF conforman el oligopolio del mercado de la alimentación. Su modelo de negocio es la venta de semillas (controlan el 90% de las semillas transgénicas) y pesticidas para combatir plagas y «malas hierbas».

Esta situación, pone en jaque a miles de familias que viven de las cosechas o cerca de ellas, y están continuamente expuestas a la fumigación con productos químicos. Hoy en día, sigue siendo un debate controvertido la idea de si los pesticidas que se emplean en los cultivos son dañinos para la salud. Según la Organización Mundial de la Salud, 200.000 personas en el mundo mueren por intoxicación cada año a causa de los pesticidas y los agrotóxicos.

Sean ciertas o exageradas estas cifras, no parece que rociar las cosechas con productos químicos sea algo que los nuevos consumidores estemos dispuestos a aceptar en nuestras vidas, aunque a veces no quede más remedio. Por si fuera poco, estos no son los únicos problemas derivados del actual sistema agrícola.

Como comentaba antes, la reducción en la variedades de vegetales es cada vez más evidente. En 1983, en Estados Unidos se cultivaban 307 variedades de maíz. Hoy, debido a la variedad transgénica BT, se reduce a 5

El futuro de la alimentación

Hay numerosos argumentos para poder pensar que el actual modelo de la producción de los alimentos es insostenible. El agronegocio deteriora y contamina las tierras, y no contempla las consecuencias que tienen sus prácticas sobre los ecosistemas naturales.

La soberanía alimentaria es necesaria y tiene que venir de la mano de la agroecología. Este modelo de producción ecológica rechaza el uso de pesticidas y agrotóxicos. Vela por la salud de las jornaleras y jornaleros, la producción y el control de sus propias semillas. Además, el modelo agroecológico beneficia e impulsa la economía de las comunidades locales y les devuelve el control sobre sus tierras.

La manera de combatir el invasivo modelo actual es consumir local, de temporada y tratar de conocer las prácticas de los agricultores a los que compramos los vegetales. Desarrollar iniciativas de huerta local o vecinal e informarse y compartir información de valor sobre la soberanía alimentaria para concienciar a todos los niveles de la sociedad.

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Sergio Galeano
Sergio Galeano

Redactor y Copywriter. Ayudo a transmitir los valores de marcas sostenibles y responsables con el medio ambiente. Este blog es una llamada a la reflexión y, en ocasiones, una invitación al cambio.

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2 thoughts on “Soberanía alimentaria: ¿Quién controla las semillas?

  1. Curioso e indignante caso de cómo puede pasar desapercibido desde la base el control alimentario al que nos someten las grandes multinacionales, amparadas en un derecho que va limitando la biodiversidad y los recursos campesinos.

    Nuestros vecinos portugueses de Idanha-a-Nova también se plantearon la problemática del control de semillas y tienen un interesante proyecto de banco de semillas orgánicas https://www.sementesvivas.bio/es/ en el que abogan por variedades autóctonas peninsulares y tradicionales, tratando de preservar la biodiversidad.

    Aún queda mucho camino por recorrer y no debemos olvidar la memoria permitiéndo que nos impongan una nueva.

    1. Alicia, muchas gracias por el aporte.

      Es de agradecer la tremenda labor que hacen los bancos de semillas, así como las iniciativas de huertas agroecológicas y orgánicas. Todo suma.

      Un abrazo,

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